Numerosos pensadores consideran que el mundo vivo responde a un diseño inteligente y no puede ser explicado simplemente por variaciones azarosas que resultan ventajosas y son seleccionadas. De acuerdo con los partidarios del Diseño Inteligente, la teoría de la evolución no explica el direccionismo dentro de la aparición de las especies, que sólo se puede explicar por un proyecto inteligente en el que caben intervenciones externas por un Ser Superior.La idea de un “Diseño inteligente” fue popularizada por Phillip E. Johnson.
De
acuerdo con esta hipótesis, la aparición del ser humano no puede explicarse
solamente por una evolución en base al azar sino que tiene un sentido y
dirección que habría que explicar por la existencia de un Diseño Superior. Si
se atribuyera al azar, la aparición del hombre sería por “casualidad” y aquí está el quid de la
cuestión. Quienes quieren seguir siendo materialistas defienden que la
explosión y todo lo que ha venido después es un proceso sin ninguna lógica. Es
decir, que no hay ninguna mente detrás, que todo es fruto ciego del azar. Y
niegan que la evolución tenga ningún sentido. Es una apuesta por el absurdo.
El argumento que le gusta repetir
a Benedicto XVI es que si el proceso es irracional, entonces la razón humana,
que es resultado de ese proceso, es fruto de la irracionalidad. Curiosa
paradoja: una razón que procede de la sinrazón. Esto recuerda el prólogo del
Quijote y el argumento con el que se volvió loco.
Los partidarios del Diseño Inteligente presentan dos argumentos para demostrar su posición: el “Universo finamente ajustado” y la “complejidad irreducible”.